El célebre cuadro El nacimiento de Venus, fue pintado en 1484 por Sandro Botticelli para agradar a su patrón, Lorenzo de Medici. Aunque investido de temática mitológica, el propósito de este y otros desnudos ejecutados durante el Renacimiento era el de complacer la erotomanía de quienes los encargaban. Las doncellas en ellos retratadas eran con frecuencia sus esposas y amantes, por lo que el propósito de estos cuadros era tanto el de procurar a estos mecenas un placer privado como el de permitirles exhibir en publico sus éxitos amatorios. La idealización del cuerpo en este “erotismo de clase alta” nos permite comprobar también que el canon de belleza de la época era muy similar al nuestro: una mujer de extrema delgadez, pecho prominente, cintura estrecha y vientre plano.
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