En la década de 1950 se hizo muy popular entre multimillonarios y acaudalados la práctica de la caza del Yeti como deporte. Aquellas expediciones, simulacros zafios de las empresas exploradoras de la grandes aventureros, se disfrazaban con motivaciones científicas, con la excusa de servir al estudio de los ejemplares capturados. Para regular esta “caza del hombre” encubierta, el Ministerio de Asuntos Exteriores norteamericano emitió en 1959 una lista de tres de normas de obligado cumplimiento que contemplaban severas compensaciones al Nepal por cada ejemplar obtenido. Pero era demasiado tarde. La persecución a la que se sometieron a aquellos inteligentes y enormes simios fue tan intensa que el Yeti desapareció por completo de las faldas del Himalaya. Se cree que unos pocos especímenes sobreviven aún en las montañas de Pakistán. Se les conoce como los “Barmanú.”
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