A pesar de los iniciales éxitos del transporte temporal con objetos inanimados, los resultados de las pruebas con primates hicieron que John von Neumann albergara serias dudas sobre su viabilidad con humanos. Aunque era incuestionable que la tecnología basada en botellas electromagnéticas permitiría a un sujeto humano experimentar una dilación en el tiempo, los episodios psicóticos que sufrieron algunos de los simios cuestionaban las consecuencias últimas que semejante experiencia podía tener sobre el ser humano. El brillante físico alemán determinó que era imperativa la construcción de una estructura blindada y refractaria que protegiera al sujeto de cualquier posible daño. Sin embargo, la inclusión de aquel artefacto, que podemos ver en esta fotografía de 1948 en la Von Neumann y Auguste Piccard aparecen bromeando, incrementaba los requerimientos energéticos del transporte temporal de una manera tan fenomenal que el proyectó se abandonó sin siquiera una prueba completa, dejando así en suspenso el desarrollo de lo que se conoce popularmente como “viaje en el tiempo.”
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